A partir del próximo jueves, todos los aficionados a la fotografía y, sobre todo, a la historia, la antropología y la etnografía, podrán disfrutar de 439 imágenes, la gran mayoría –un 85%, aproximadamente- inéditas hasta hoy, que muestran la vida de los gallegos en la década de los años veinte del pasado siglo, y que se agrupan bajo diferentes epígrafes temáticos.
Un meticuloso proceso de documentación e investigación de los comisarios ha permitido a la Fundación Caixa Galicia obtener información muy valiosa de los diarios del padre de la investigadora, así como de otras fuentes de la época, aportando una documentación igualmente inédita que se incluye en el catálogo de la muestra.
La exposición está organizada en los siguientes apartados:
RELIGIÓN. Después de la romanización, el cristianismo se estableció en Galicia. La parroquia bajo la advocación de un santo o santa con su iglesia y cementerio se convirtió en la entidad básica de población. El tiempo de los hombres y de las mujeres, desde el nacimiento hasta la muerte, estaba marcado por el tañer de una campana y el ciclo litúrgico anual. No obstante, esa poderosa Iglesia acusó los efectos de la fracasada desamortización desde 1836, y muchas de sus propiedades se deterioraron a consecuencia del abandono. En esos años de grandes y rápidos cambios con la desagrarización, el aumento de la urbanización, de la industrialización, de la laicización y del crecimiento del sector terciario, la Iglesia siguió gobernando en latín y en castellano la vida de los gallegos.
CAMPO. La Galicia rural, con una agricultura intensiva, estaba conformada por cuatro grupos sociales. Los labradores, con menos o más vacas, trabajaban las tierras propias recorriendo la mano de obra familiar. Los caseros llevaban en renta, en arrendamiento o aparcería un lugar acasarado, una explotación compuesta por casa, edificaciones de uso agrícola y tierras, y, a menudo, también en aparcería, el ganado vacuno.
Los jornaleros o caseteros solo tenían una caseta en la que vivir, generalmente de alquiler, y, o bien trabajaban de jornaleros en lo que podían, o bien pedían. Finalmente, estaban los propietarios o ricos que explotaban la labranza recurriendo a criados y jornaleros. El resto de su patrimonio lo organizaban en lugares acasarados que cedían a los caseros.
En los años veinte, entre un 60 y un 75 % de las tierras eran explotadas en régimen foral: un contrato de larga duración por el que un señor o institución le cedía a otro el uso de la tierra a cambio de una renta. El proceso de redención a cambio de una indemnización se aceleró en 1926 con el decreto del dictador Primo de Rivera que acababa con la indecisión de los gobiernos anteriores.
FERIAS Y MERCADOS. De la tierra y del mar salía lo preciso para el autoconsumo. En 1930 un 65 % de la población activa se dedicaba a la agricultura y a la pesca. A pesar de todo, los excedentes eran llevados a las ferias y a los mercados para la venta y así poder comprar otros productos necesarios. Allí acudían también los intermediarios y los artesanos.
Poco a poco se fue estableciendo, con fecha fija en el calendario, una red de ferias, que a veces coincidían con fiestas religiosas y romerías, que se fue jerarquizando según su importancia y especializando en determinados productos. Con los tiempos fueron cambiando las ofertas y las demandas del mercado.
TRABAJOS Y OFICIOS. Algunos gallegos y gallegas, además de trabajar en el campo y en el mar, ejercían temporalmente otros oficios como complemento a su economía doméstica. Otros, los artesanos, se especializaban y realizaban continuamente esa labor.
La vida urbana, no muy importante en Galicia entonces, también trajo consigo la aparición de nuevos oficios para atender la demanda de sus habitantes, y con la aparición de las fábricas, surge la clase obrera. Otros emigraban para trabajar fuera de Galicia. Unos volvían; otros, no.
GANADO. Los mejores rendimientos agrícolas permitieron destinar parte de las tierras antes cultivadas con cereales a prado. La redención de foros y el reparto de los montes de varas y de los comunales acelera el proceso privatizador de la tierra y surge una agricultura de pequeños propietarios. Esto lleva a una especialización ganadera y al aumento de cabezas al pasar de 1.300.000 en 1891 a 3.500.000 en 1933. Predomina el vacuno, que supone las tres cuartas partes del total. Luego le sigue el porcino y decae el número de ovejas y de cabras. Galicia es la principal productora de carne para el mercado interior español. Este esfuerzo comercializador crea, además, la gran apoteosis de las ferias y de los concursos de ganado vacuno.